Copenhagen

Copenhague, la capital. Allá que nos fuimos el pasado fin de semana (que no éste que estamos terminando). Primer gran viaje, y la experiencia muy positiva. Tanto, que a la vuelta Aalborg se nos ha quedado un poco pequeño. Pero vayamos por partes. Se augura un post largo… estáis avisados.

Partimos el viernes por la mañana bien tempranito, a las 7 creo recordar. Para ello compramos un billete interraíl válido para tres días no consecutivos, pudiendo coger todos los trenes que quisiéramos en ese tiempo. En el tren, aun estando previstas horas de sueño al final no pegué ojo. Dándole a las cartas y a la musiquita. Por qué será que en los viajes de ida siempre pasa lo mismo? En los de vuelta ya es otro cantar 😀 Durante el trayecto pasamos bastantes puentes y un paisaje bastante chulo. Se nota que Dinamarca está llena de islas.

Llegamos a Copenhague a las 11 y pico, tras un trayecto de punta a punta del país. Y llegamos con un magnífico día de sol y de no-temperaturas-bajo-cero, que eso aquí ya es decir calor. Tras un primer paseo por el centro de la ciudad cargando con una insoportable maleta sin ruedas, llegamos al gran hostal que conseguimos, además de barato (Danhostel Copenhagen City). Tras formalizar la reserva, no podíamos hacer check-in hasta las 14:00, así que cogimos nuestras cámaras y empezamos a hacer turismo. No sin antes comer en el Burger King, que veníamos hambrientos. Sí, eran las 12:00 de la mañana, pero aquí esa hora es la de comer, y más para nosotros que llevábamos desde las 6 de la mañana despiertos.

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Pues bien, venga foto para allá, venga foto para acá pasamos por multitud de sitios, de entre los que destaco: la vista de la ópera al lado del agua, la famosa sirenita de los libros de Andersen que a todo el mundo decepciona pero que a mí me gustó (por cierto, el año que viene se la llevan a la Exposición Universal de Shanghai), el cambia de guardia del Palacio Real (aunque los guardias eran un poco patosos) y, especialmente, Nyhavn. Se trata de un canal de agua con barcos rodeado de casa de colores, similar a los de Amsterdam. Me gustó ya no por el sitio en sí, sino por la situación en la que lo visitamos. Hacía un sol magnífico, estaba todo lleno de gente (incluso había unos jugando al Quién Es Quién?), nos sentamos en los tablones que daban al canal, con un calorcito “real” (que aquí se agradece). Para más inri nos pusimos música, entre la que estaba Copenhague de Vetusta Morla. Perfecto. Muy zen. Muy flipao que soy. xD. Pero es cierto, fue un buen momento.

Aquí un vídeo con la canción y fotos de la ciudad:


De esa tarde también me hizo gracia una anécdota. Decidimos tomarnos un chocolate (por cierto, buenísimos en todo Dinamarca!) en una terracita al sol. Pues bien, al preguntar a la camarera si podíamos sentarnos nos soltó un “Ok, pero si os comportáis”. Owned! XD. Será porque Apa, uno de los españoles, soltó nada más llegar a grito pelao “camarerooooooo”. Otro dato: todas las terrazas tienen su estufa de gas o eléctrica y su mantita para echarse por encima. Ver para creer.

Veo que el post se me está yendo de las manos en dimensiones, pero en realidad el viernes fue el día en que más cosas vimos. Tras toda la paliza, volvimos al hostel, hicimos el check-in y nos duchamos y preparamos para la fiesta, que hay que valer para todo. Bebimos algo de calimocho en la habitación y salimos en búsqueda de la fiesta. Jorge quedó con unos colegas que están de erasmus en la ciudad que nos llevaron a un local. El local no era nada del otro mundo, pero tenía sus dos pisos con distintos tipos de música y bien que nos lo pasamos. Hasta que nos echaron a las 5. Allí, y ante el temor de morir arruinado por el precio de las bebidas, iba cogiendo cervezas de donde podía. Incluso conseguí una sidra de pera. Como lo oís. No me pidáis que explique el sabor… Desayuno en un 7-eleven, y vuelta al hostel, no sin antes dar bastante coba en la habitación. Corrijo: ellos dieron coba, yo caí muerto en la cama. Tan muerto, que alguno pensó que efectivamente estaba muerto ^^.

El sábado, levantada a las 14.30 del medio día. Tras comer en un Jensens Bofhus (Vips + Foster), intentamos seguir de ruta. Pero entre que era tardísimo y que tuvimos que esperar a otro grupo de españoles se nos hicieron las tantas. Aún así hicimos otra ruta que indicaban los mapas, la famosa ruta verde, a la cual podríamos llamarle ruta de las putas y los sex-shops. De hecho, eso es lo que te enseña. Pateada durante un rato para sólo ver eso, putas y sex-shops. En fin… a prepararse para la fiesta. Tras volver a beber calimocho (otra solución para no morir arruinado con los precios de los bares), había varias opciones: ir a una discoteca techno (Apa’s proposal) o ir a un bar con barra libre de cervezas durante una hora (Jorge’s proposal). Para la segunda opción ya llegábamos tarde y la primera no llegó a calar, así que solución? Andar como imbéciles sin rumbo fijo. De hecho, se nos unieron tres catalanas de visita que estaban de erasmus en Bergen (Noruega) pero que tras ver la de vueltas que dimos sin rumbo, se volvieron por donde habían venido.

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Al final terminamos en un bar bastante malote. De precios no era malo, pero vamos, un garito como cualquier otro. Destacar que, a diferencia de Aalborg, ambas noches nos obligaron a pagar guardarropa (20 DKK, casi 3 €) por entrar al local. También destacar que el viernes Pep se escapó de pagar, y le robaron la chaqueta. Pero no hay mal que por bien no venga: se hizo con otra chaqueta que estaba si cabe mejor que la suya.

Después de que nos echaran, otra visita unos al 7-eleven (no se qué nos pasa que nos gusta tanto) otros a una pizzería. Vuelta al hostel: 1 hora, cuando tendría que haber sido 10-15 minutos. Motivo: íbamos hablando en italiano. Teniendo en cuenta que ninguno tenemos ni zorra de italiano, uno se puede imaginar el resto…

Domingo: día de partida. No sin antes visitar Christiania, ciudad libre. Visita temprana, porque nos echaron del hostel a las 10. Así que dormimos escasas 3 horas.

Christiania es una pequeña zona dentro de Copenhague cuyos habitantes se sienten independientes. Según ellos no forman parte ni de Dinamarca ni de la Unión Europea. La verdad: uno pasa porque sabe que esto es Dinamarca y aquí no hay inseguridad ni en el peor suburbio, pero coño que pinta tenía el lugar. Con bidones por las calles calentándose las manos, carteles por todos lados de prohibido fotos y… atiende: un puesto de venta ambulante de droga. Así como lo oís. Igual que uno se va a un chiringuito de playa a comprarse un collarcete, uno se va con unos gramos de maría. Eso sí: con el material bien visible, con bolsas bien llenas y piedras bien relucientes. Yo flipé cuando lo vi: con razón son independientes. Yo creo que allí no entra ni la policía! Aún así, es un sitio que hay que ver por lo curioso que resulta. Allí cada uno va a su rollo, y a mi bien que me parece.

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El día del domingo ya no era para tirar cohetes: nublado, con frío y con una llovizna ligera de la que cala los huesos. El colmo fue a la hora de cruzar un puente situado sobre un canal: el frío era tan cabrón que incluso dolía! En fin, aunque uno se acostumbra no deja de estar ahí.

Para la vuelta, tras algunas carreras por el olvido de las llaves de Apa, planeamos una parada en Fredericia, un pueblecito militar, o al menos así lo reflejaban los semáforos, donde los monigotes eran soldados con su ballesta. Comimos una buena lasaña (que se agradeció) y visitamos la playa. No era nada de otro mundo, pero pillaba justo a la mitad de camino entre Aalborg y Copenhague. Cogimos de nuevo el tren, para volver a nuestra querida y, tras la visita, pequeña ciudad llamada Aalborg.

Así, vivimos un fin de semana en una ciudad propiamente dicha, ya que Aalborg no tiene demasiado carácter de ciudad. Copenhague es pequeño, poco más de medio millón de habitantes, pero con encanto. Mucha gente nos avisaba de que no había demasiado que ver en la ciudad, que les decepcionó un poco. Sin embargo, yo diría que nada de eso. Puede ser que el gran día que nos hizo el viernes tenga algo que ver, pero me pareció una muy buena ciudad para visitar en un fin de semana. De hecho, creo que también sería una buena ciudad para vivir, ya que se le intuye mucha vida cultural y nocturna, aunque nosotros no llegáramos a encontrarla. Lástima que el Tivoli (un parque de atracciones antiquísimo en pleno centro de Copenhague) estuviera aún cerrado.

La recomiendo y, por supuesto, volveré. Eso sí, como siempre pasa en nuestra querida Dinamarca, el tiempo que te toque lo marca todo. Aquí os dejo una presentación con las fotos del viaje. Gracias por aguantar todo el tochazo de texto!

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2 comentarios

  1. PeP said,

    marzo 30, 2009 a 4:11 pm

    Como te las gozas jambuno!! :),

  2. Zai said,

    abril 3, 2009 a 7:53 pm

    Pájaro… que sepas que me leí todo hace unos días, aunque no dejé comentario… increíblemente se me pasó! XD

    Me ha gustado ver cosas que, si todo sale bien, veré de aquí a un par de semanas… estoy deseando! jeje

    Un besete y pásalo bien, fiestero! 😉


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