Næste station: Berlín

Época de lluvias en tierras danesas. Semana de previsiones meteorológicas adversas, con temperaturas que raramente superan los 14 grados y tormentas que hacen que el ambiente esté un poco decaído. También época turbulenta en cuanto a los ánimos de la gente: se aproxima la fecha límite para la entrega de los proyectos (principios de Junio) por lo que todo el mundo está más ocupado que de costumbre, las fiestas tienen menos afluencia y el facebook se llena de mensajes que hacen referencia al, por norma general, mejorable estado de los proyectos.  Para nosotros también es época de trabajar en el proyecto,  sin embargo nosotros lo llevamos algo mejor. Seguimos trabajando el él pero ya tenemos en mente el final del mismo, por lo que no tenemos un estrés tan acusado. También nos tocará sufrir cuando se acabe el plazo, pero siempre para perfeccionar lo que ya tenemos.

Como ya os conté en la anterior entrada, hace dos fines de semana hicimos un viaje a Berlín, a conocer la capital de Alemania. La ciudad y, por lo general, toda Alemania nunca me había traído demasiado. Sin embargo, mucha gente me había hablado del ambiente alternativo que inundaba Berlín, lo que hacía que mi curiosidad fuera en aumento. Por este motivo en cuanto se propuso el viaje me apunté sin pensarlo.

La salida fue bastante perjudicada: por varios problemas con el coche salimos con más de 2 horas de retraso sobre el plan previsto, por lo que llegamos a Berlín a las 10 y media de la noche aproximadamente. De hecho, fue en esas 2 horas cuando aproveché para escribir la anterior entrada. El viaje, francamente, no se podría definir como corto. No se hizo demasiado largo por las paradas que íbamos haciendo cada hora y media o dos horas, y por las charlas que tuvimos dentro de los coches. Hay que decir que es totalmente cierta la fama que tienen los alemanes en cuanto a la velocidad. Hay varias zonas en sus autopistas donde no existen límites de velocidad, por lo que los alemanes aprovechan en dichos tramos para acelerar bien a fondo. De hecho, yendo a más de 140 por el carríl derecho conseguí que un coche me diera las largas. Ver para creer. Eso sí, en las zonas de velocidad restringida más valía seguir las normas, que los Alemanes en ese sentido sí que son muy estrictos. De hecho, vimos unos controles de seguridad bastante curiosos que controlaban el tiempo de pasada del vehículo por dos posiciones alejadas, y calculaba el tiempo que había costado el ir de un punto a otro. Así, podía saber la velocidad media de conducción y hacer la oportuna foto de denuncia. Un método bastante más eficiente que el de los radares fijos de España…

Viaje en coche

Viaje en coche

A lo que vamos, llegada a Berlín. Nos encontramos con una ciudad bastante tranquila, incluso en el centro, por lo que tras confundirnos un poco, conseguimos llegar al hostal sin demasiados problemas (City Hostel). Estaba muy bien situado, cerca de la puerta de Brandemburgo, de Checkpoint Charlie y de Potsdamer Platz. Vamos, bien situado en el centro. Nos repatimos en las dos habitaciones de 4 camas que teníamos, e intentamos encontrar algún sitio abierto donde cenar. Aunque muchos estaban cerrados (más bien por estar movíendonos en la zona financiera de la ciudad) cenamos en un mexicano unas fajitas, unos burritos y unas cervezas. Todo abundante, bueno y no demasiado caro. Después descubriríamos como las cocinas cierran mucho más tarde que en Dinamarca, llegando a cerrar a las 2 de la mañana (como era el caso del restaurante al que fuimos). Nos dimos una vuelta por la zona, vimos los primeros resquicios del muro de Berlín en una zona totalmente reformada como Potsdamer Platz, y vimos la magnífica cúpula situada en dicha plaza. Lástima que llegáramos cuando había apagado las luces, porque con el tono azul todo se habría visto más impresionante. Uno de mis sitios favoritos de Berlín. Tras esto, nos fuimos a dormir, que nos esperaba un día intenso.

Trozo de muro de Berlín en Potsdamer Platz

Trozo de muro de Berlín en Potsdamer Platz

Y así fue: intenso. Nos levantamos e hicimos buena cuenta del desayuno buffet. Intentamos escaparnos de pagar por él, pero un poseso camarero turco no paraba de pasarse por las mesas pidiéndole el ticket a la gente, así que nos pilló. Eran 4 euros de nada, pero estarían mejor en nuestros bolsillos XD. En fin, que con el estómago lleno nos dirigimos hacia la puerta de Brandemburgo, donde nos uniríamos a unos tours en español por la ciudad donde teníamos que ganar la voluntad. Muy buenos, los recomiendo. Antes de empezar el tour nos encontramos a los Blue Boys en la Paritzer Platz. Estaban haciendo sus famosos movimientos raros y cortando una tarta gigante, dándole trozos a todo el mundo. Destacar que se acercaron a ofrecerles tarta a unos policías, haciendo que todos los medios de comunicación saltaran como locos a grabarlo. Creo que estaban haciendo publicidad de algún nuevo espectáculo.

Blue man posando para mi

Blue man posando para mi

Por si hay alguien que no los conoce, aquí dejo uno de sus espectáculos más famosos:

Pues bien, nos tocó como guía a una chica argentina muy maja que se llamaba Eli. Lo bueno del tour es que nos explicó en pocos minutos un resumen de la historia de Alemania y de Berlín en concreto. Nos dejó todo muy claro. Un 10. Después de la explicación nos fue explicando lo más importante de la parte soviética (la del este del muro de Berlín). Cruzamos la puerta de Brandemburgo, explicándonos que la cuádriga que la preside se la llevó Napoleón viéndose obligado a devolverla. Vimos de lejos el parlamento reciéntemente reformado con una cúpula de cristal muy moderna. Fuimos al monumento a los judíos fallecidos, que fráncamente impresiona. Pasaron muchos años hasta que se decidió que hacer para conmemorar las muertes de tantos judíos durante el holocausto. Al final se decidió realizar este momumento que parecen tumbas de diversas dimensiones e inclinaciones, pero que el autor declara no ser tumbas. Lo deja a la opinión del que lo visita. El monumento tiene polémica, ya que las piedras están impregnadas de un líquido antigraffitis, cuyo fabricante es el mismo que suministrama el gas de las cámaras de gas usadas en los campos de concrentración. Eso demuestra que los alemanes quieren pasar página. Al lado del monumento se encuentra, bajo tierra, el bunker donde murió Hitler. Después nos dirigimos al edificio donde estaba el gobierno nazi (actualmente ministerio de finanzas). En el mismo había un mural realizado por la fuerzas soviéticas mostrando la felicidad de sus habitantes (junto a una foto real de las mismas dimensiones que muestra justo todo lo contrario).  Después continuamos para llegar a la cara oeste del muro de Berlín. Estaba en unas condiciones mejorables, fruto de la gente que intenta llevarse un souvernir del muro (destacar que en las tiendas hay supuestas piedras del muro que casi seguro serán falsas). Acabamos la primera etapa del tour viendo el Checkpoint Charlie, al cual los berlineses denominan Disney World con mucha razón. No es más que una caseta de pega (que no es la que existió en la época), con un soldado de pega, aceptando fotos y sellando pasaportes (como souvenir)  sólo por dinero.  Antiguamente era el puesto donde los americanos vigilaban el muro.

Dos cosas curiosas: la primera es que descubrimos que el muro no recorría la ciudad de norte a sur, sino que cercaba el centro de la ciudad de las peliferias, estando los aliados situados en el centro. De hecho, los soviéticos intentaron cortar los suministros de los aliados, pero éstos realizaron un puente aereo con comida y productos básicos sin precedentes en la historia con un avión aterrizando cada pocos minutos.  Por otro lado, la guía nos contó una historia cuanto menos curiosa: una pareja (él de la zona aliada y ella de la soviética) estaban situados cada uno en su parte de la ciudad cuando se levantó el muro (el cual fue levantado por los soviéticos para evitar la huida de su pueblo), por lo que dejaron de verse. Pasaron los años y el hombre se casó con una mujer de la zona aliada. Pasó un cierto tiempo cuando el hombre propuso ir a visitar la zona soviética, que hacía mucho que no la visitaban. Tras cruzarla, el hombre argumentó que había olvidado la cartera en casa, que esperar un segundo que enseguida volvía. Tras varias horas sin saber noticia, la mujer decidió volver a la parte occidental del muro. Al llegar a la zona del Checkpoint Charlie le solicitaron su pasaporte. Ella se dio cuenta de que no lo tenía. Intentó explicarles la situación a los soldados, los cuales no la creyeron ni por un minuto. Sin embargo, dando los datos de su marido consiguieron descrubrir la verdad: él había conseguido encontrar una mujer occidental de asombroso parecido a la de su anterior pareja, le había robado el pasaporte y había ido a buscarla a la zona soviética, atravesando así la frontera hacia la parte occidental. Una buena faena para la segunda mujer. Sin embargo, según contó la guía al cabo del tiempo pillaron al hombre, así que la jugada le salió rana.  Qué os parece? ;D

Pues bien, tras recuperar fuezas (con un bocadillo preparado en el desayuno) seguimos la visita por Berlín, pasando a visitar varias plazas curiosas. En primer lugar la Gendarmenplatz, donde hay dos iglesias gemelas (una construida para los franceses y otra para los alemanes)Pantalla comp y un edificio de conciertos en el centro. En el centro de la plaza una fuente con las musas de las artes y un ser oculto que aparenta ser un hombre. Después de que la guía nos hiciera la típica foto saltando en el aire, continuamos nuestro camino hacia Bebelplatz. En dicha plaza está la universidad Humboldt, de donde han salido muchos premios nóbel incluido Einstein, la ópera de la parte soviética (donde Hitler iba a escuchar ópera) y una iglesia católica con forma de tetera invertida (por culpa del rey, no muy afín a los católicos). Destacar un monumento en  el centro de la plaza indicando la gran quema de libros realizada por los nazis contra documentos contrarios a sus ideas, el cual consiste en estanterías vacías situadas bajo tierra viéndose a través de una ventana situada en el suelo. En dichas estanterías caben exáctamente el número de libros quemados.

Saltando en Gendarmenplatz

Saltando en Gendarmenplatz

Tras esta plaza nos dirigimos al monumento dedicado a los caídos de todas las guerras, con una mujer sosteníendo a su hijo muerto. Destacar que está situada en un edificio cerrado salvo por un agujero situado sobre la estatua, afectándole todas las condiciones meteorológicas, simbolizando el sufrimiento de la madre. Muy curiosa. Cruzamos el río que forma una isla en su interior, la cual es denominada Isla de los Museos. Ahí están situados multitud de ellos (en uno de los mismos está el busto de Nefertiti) y la catedral protestante de la ciudad (Berliner Dom), la cual fue otro de mis edificios preferidos. Es majestuosa. Allí terminamos la visita sentados en el cesped, celebrando la salida del sol (ya que durante toda la mañana estuvimos mojándonos), mientras la guía nos contaba cómo fue la caída del muro de Berlín, debiéndose todo a un error en una conferencia. De hecho, si el muro cayó en 1989, hay que decir que los soviéticos tenían pensado añadir nuevas medidas de seguridad, como sensores automáticos. Pensar que todo pasó hace tan pocos años…

Disfrutando del sol con la catedral de fondo

Disfrutando del sol con la catedral de fondo

Tras despedirnos de la guía y descansar en el césped, nos dirigimos hacia Alexanderplatz, donde está situado el famoso pirulí que define el skyline de Berlín, y que fue torre de comunicaciones soviética.  Desde ahí se censuraba la televisión y se espiaba a sus ciudadanos. Tras dar una vuelta por la zona (bastante chula, con mucha vida y una fuente que me gustó mucho) y comernos un helado, nos encontramos con un amigo de Jorge que nos sirvió de guía para el resto del día. Nos llevó por un barrio con muchos restaurantes y donde trabajaban las, según decían, más atractivas putas del mundo. En ese momento aún no estaban trabajando, pero el último día sólo vimos una y en verdad la fama que tenían era cierta. Seguimos hacia la casa ocupa, la cual estaba llena de graffitis, desorden y galerías de arte (alguna bastante buena). Un sitio bastante curioso, que obtiene subvenciones del estado y que es un nido de nuevos artistas.

Tendríais que haber visto los baños...

Tendríais que haber visto los baños...

Seguimos bordeando el río, viendo edificios modernos y tuberías de distintos colores (que según me enteré luego estaban ahí para drenar los terrenos cenagosos sobre los que está situado Berlín cuando se construye un edificio) hasta llegar al edificio del parlamento con intención de ver la cúpula de cristal, de acceso gratuito. Por supuesto, cola enorme, así que decidimos dejarlo para otra visita a Berlín ;D. Nos dirigimos hacia el hostal no sin antes despedirnos de nuestro magnífico guía (quedando para el día siguiente) e ir a comprar al centro comercial situado bajo la Potsdamerplatz, no sin antes estar sentados en medio de la misma jugando a “El pueblo duerme”. Un show. Otra sorpresa: el centro comercial era enorme. Yo al menos no me lo esperaba. Cenamos algo en un japonés sin demsiado éxito (todo picaba bastante). A la hora de salir vimos que estaba cayendo la tormenta del siglo, así que intentamos hacer tiempo, pero al final decidimos salir camino al hostel que no estaba tan lejos. Lo hicimos cuando parecía que llovía menos. Aún así llegamos mojados.

Cayó la de San Quintín (Potsdamer Platz)

Cayó la de San Quintín (Potsdamer Platz)

Ni yo ni nadie daba un duro por nosotros: mojados, cansados y con pocas ganas de fiesta. Pero había que salir a disfrutar de la famosa noche berlinesa. Nos duchamos, cogimos el metro (ya no llovía)  y hacia la zona de discotecas que nos dirigimos. Como fuera hacía frío, nos bebimos lo que habíamos comprado en el metro, ya que aquí está permitido si luego recoges lo que manchas. En el botellón ya nos animamos, cantando canciones a cual más estúpida. Quien iba a decir que esos espectros andantes que estaban sentados en el vagón del metro con cara del malo de Scream fueran a resucitar. Y así fue, porque estuvimos toda la noche dándolo todo en una discoteca llamada Matrix (tras que nos rechazaran en otra diciéndonos si estábamos en la lista). Además estuvimos con el ánimo subido, sin dejar de bailar. Cuando nos echaron a las 6 ya era totalmente de día, así que cogimos el metro destino al calor de la camita. Un día dándolo todo, si señor. Al final hubo un pequeño percance, ya que se perdió la cámara de Victor.

Al día siguiente amanecimos más bien tardecito, pero antes y mejor de lo que pensábamos, sobre la 1 del medio día. Nos acicalamos y nos dirigimos a encontrarnos con el amigo de Jorge, el cual nos iba a llevar a comer a un sitio donde hacían uno de los mejores Kebaps que había probado. Y era cierto, estaba buenísimo: con un montón de verduras de varios tipos, dos salsas (de ajo y de yogur), queso, verduras tipo ensalada y carne… ñam!! Sólo de pensarlo me entra hambre! Como también queríamos problar las famosas currywurst alemanas (salchichas en rodajas con ketchup y curry), nos tomamos de postre unas de ellas entre varios. La verdad es que tampoco eran nada del otro mundo (y eso que el sitio donde las comimos, Curry 66 era de los más famosos).

Jorge y yo comiéndonos un currywurst

Jorge y yo comiéndonos un currywurst

Después nos dirigimos hacia la zona occidental donde está situada una iglesia medio derruida por la guerra que se ha mantenido así, construyéndose al lado de la misma otras dos más modernas con forma de hexágono. La verdad es que el edificio impresiona y se ve en el mismo cómo las bombas hicieron estragos, quedándo en pie sólo una torre del total de la iglesia. Muy curioso. Al lado de la misma está todo lleno de tiendas y comercios, los cuales tampoco llegamos a visitar por falta de tiempo. Lo que sí hicimos fue comprar algún recuerdo en unas tiendas cercanas y comernos un donuts y un café en Dunkin’ Donuts.

Iglesia medio derruida por la guerra

Iglesia medio derruida por la guerra

La tarde se nos planteó tranquila, ya que tras esto nos fuimos a la East Side Gallery (parte este del muro), la cual estaba llena de graffitis profesionales, bastante curiosos. Ahora la estaban repintando para que quede como estaba cuando el muro cayó. Al lado de la misma había un puente muy chulo y un estadio de basket (O2 world). Decir que había partido, ya que un grupo de hinchas escandalosos iban con nosotros en el metro, dando golpes en el techo y gritando como energúmenos. Estos alemanes… ( por cierto, en la anterior entrada hay un error muy gordo -similar a lo que acabo de decir-, a ver quien lo encuentra, Jorge tú no me sirves que ya lo sabes XD).  Nos tumbamos en el cesped con vistas al río, jugamos un buen rato a las cartas y estuvimos haciendo fotos artísticas tanto saltando como con formas imposibles. Cuanto talento desaprovechado…

El salto del salmón

El salto del salmón

Con el puente del que os hablaba de fondo

Con el puente del que os hablaba de fondo

Tras diriginos al hotel para descansar un poco, cogimos el metro camino a la zona de bares de la que os hable, la de las putas vaya. Pero no os penséis mal, es una zona de lo más normal. Cenamos genial en un italiano y después nos tomamos un cocktail basante barato y grande en una terraza cubierta (al estilo thailandés), y menos mal que estaba cubierta porque se puso a llover de una manera que era poco sana. Tras salir cuando no llovía tanto, coger el metro y volver a casa, conseguimos llegar totalmente empapados. El trayecto desde la salida del metro hasta el hostel era corto, pero aun yendo corriendo llegamos empapados. El suelo era una auténtica piscina y la lluvia caía con ganas. En fin, llegamos fresquitos al hostel vaya.

La mañana del domingo fue mañana de preparativos para la marcha. Desayunamos (también) generosamente en el buffet y cogimos nuestros coches camino a Aalborg de nuevo. No nos salvamos de algunos percances: salimos algo tarde por culpa de una maratón celebrada en Berlin que hizo que la mitad de las calles estuvieran cortadas, con lo que no pudimos visitar Hamburgo como teníamos pensado. Por el camino hubo alguna peleílla y, para más inri, nos paró la policía antes de cruzar la frontera danesa. Fue al otro coche (al Audi A4), pero estuvieron algo de tiempo ya que no encontraba el resguardo de pago del coche. Una de las frases de los policías fue, por lo visto: “os volvís andando a Dinamarca”. En fin, al final quedó en un contratiempo. Así que seguimos el viaje, haciendo tiempo con juegos tontos (el veo-veo es el mejor de ellos, con eso lo digo todo ;D). Al final llegamos a Aalborg, a las 10.30 – 11.00 de la noche.

Había sido un fin de semana intenso, visitando una ciudad que nos resultó muy interesante. Pero había sido un fin de semana corto: nos faltó un día. Los viajes en coche cortaron mucho el fin de semana, haciendo que prácticamente sólo estuviéramos 2 días en Berlín. De cualquier manera, una ciudad para visitar por la cantidad de historia reciente que alberga, cuyos efectos siguen viéndose en la ciudad. Una ciudad que está creciendo hacia la modernidad, pero donde los restos del pasado se observan a simple vista. Una ciudad que recomiendo.

Un resumen de las fotos del viaje, a continuación:

Vodpod videos no longer available.

También os dejo un video que he hecho para una asignatura de libre, usando las fotos de la primera noche como material para el mismo. Es una presentación de diapositivas bastante chula, aunque las fotos no son las mejores del viaje, ni mucho menos. Con todas las fotos del viaje el trabajo se me hacía bastante largo. Aquí esta:

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2 comentarios

  1. Zai said,

    mayo 31, 2009 a 12:41 pm

    Me ha encantado la entrada Raúl, muy completa con las fotos y el vídeo incluido.

    Mare mía, me ha sorprendido cómo después de estar todo el primer día por Berlín, aún os quedaran fuerzas como para iros de fiesta! pufff

    Por cierto, no sé qué error tiene la entrada, no me he pispado ni en esta ni en la anterior! :S

    Otra cosa, enhorabuena por el vídeo… me ha encantado tanto las fotos como la música! Que estás hecho un artista! 😛

    Un besazo muy grande y ánimo con el proyecto que os va a quedar de 10! 😉

  2. rulyole said,

    mayo 31, 2009 a 2:23 pm

    Pues el error de la entrada anterior estaba en que decía que el cuadro de los girasoles estaba sin protección alguna, y comentaba: “estos daneses son unos confiados”… cuando estábamos en Londres!!! xD

    Me alegro de que te guste la entrada y las fotos. Su tiempo me costó.. ;D Fue un viaje mu weno.


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